Tinixara Mesa Moreno, Coordinadora de Desarrollo de valor al cliente y de Transformación y excelencia comercial de Ecoembes
- Publicado el 05 de Mayo de 2026
“CircularCheck es la herramienta que les dice si sus envases son 70% reciclables”
Tinixara Mesa Moreno, coordinadora de Desarrollo de valor al cliente y de Transformación y excelencia comercial de Ecoembes habla en esta entrevista de nuevo Reglamento europeo de Envases y Residuos de Envases (PPWR) que establece que solo podrán comercializarse en la UE envases que alcancen al menos un 70% de reciclabilidad, entre otras muchas cuestiones.

El PPWR tiene varios hitos en los próximos años, pero empieza a aplicarse de forma general en agosto de 2026. ¿Qué cambia exactamente a partir de ese momento para las empresas que ponen envases en el mercado y qué calendario deberían tener en mente?
El 12 de agosto de 2026 marca el inicio de la aplicación del PPWR, pero no implica que todas las obligaciones se activen al mismo tiempo ni con el mismo nivel de exigencia. Lo que sí cambia desde ese momento es el marco en el que operan las empresas: el envase pasa a estar sujeto a una regulación europea única que condiciona su diseño, su composición y su puesta en el mercado. Además, se redefine con mayor precisión qué actores están obligados y qué responsabilidades asume cada uno a lo largo de todo el ciclo del envase.
A partir de ahí, el despliegue es progresivo. Entre 2026 y 2028, la Comisión irá aprobando los actos delegados y de ejecución que concretan los criterios técnicos, especialmente en reciclabilidad y etiquetado. En reciclabilidad, el hito clave es el 1 de enero de 2028, cuando deben definirse los criterios de diseño para reciclado y la metodología de evaluación. El punto de inflexión llega en 2030. A partir de esa fecha, los envases deberán ser reciclables y se introduce una clasificación por grados. Dicho de forma muy clara: si un envase no alcanza al menos el 70% de reciclabilidad, no podrá seguir en el mercado. A partir de ahí, el marco sigue evolucionando: en 2035 entra en juego el reciclado a escala y en 2038 se eleva el nivel de exigencia hasta grados superiores.
Para una empresa, la clave es entender que es necesario comenzar este proceso ahora para garantizar la competitividad a medio plazo. Las que piensen que el 2030 aún está lejos y que la adaptación puede dejarse para el final perderán una oportunidad y asumirán un riesgo innecesario.
Con este nuevo marco, la reciclabilidad deja de ser un criterio de mejora para convertirse en una condición para poder comercializar determinados envases. ¿Cómo cambia esto la forma en que las empresas abordan el diseño de sus envases?
Sobre todo, el PPWR impulsa una transformación en la que el tejido empresarial ya venía avanzando: el diseño del envase ya no puede cerrarse únicamente desde criterios de funcionalidad, coste o posicionamiento de marca, sino que tiene que construirse teniendo en cuenta su comportamiento en el sistema real de reciclaje.
Esto introduce dos cambios relevantes. Por un lado, el diseño se vuelve más técnico y transversal, porque implica a varias áreas de la empresa. Y por otro, obliga a trabajar con datos. No basta con saber que un material es reciclable, hay que entender cómo se clasifica, qué rendimiento tiene y qué impacto generan todos los componentes del envase en su conjunto.
Teniendo en cuenta estos plazos, ¿qué deberían estar haciendo ya las empresas, en 2026, para no llegar tarde al objetivo de reciclabilidad del 2030?
Lo primero es tener una visión muy clara sobre su portfolio de envases. Muchas empresas conocen sus referencias desde el punto de vista comercial, pero no siempre disponen de una caracterización técnica completa de cada envase, incluyendo todos sus componentes. A partir de ahí, el siguiente paso es evaluar su reciclabilidad con una metodología robusta. Esto permite identificar qué envases están alineados, cuáles requieren ajustes y cuáles necesitan un rediseño más profundo. Y el tercer paso es priorizar. No todos los envases requieren la misma intervención ni en el mismo plazo. La clave está en identificar dónde actuar primero para optimizar el esfuerzo y evitar concentrar todos los cambios en la fase final.

El reglamento fija un primer umbral mínimo de reciclabilidad del 70%. Desde el punto de vista técnico, ¿qué elementos del diseño del envase son los que más condicionan que se alcance o no ese nivel?
En la práctica, los elementos que más condicionan el resultado suelen ser la combinación de materiales, la presencia de componentes que dificultan la separación y el impacto de elementos menos visibles como adhesivos, tintas o recubrimientos. Muchas veces el envase parte de un material reciclable, pero incorpora elementos que penalizan su comportamiento en clasificación o en reciclado. Por eso, el análisis tiene que hacerse sobre el conjunto del envase y no sobre un único componente.
¿Qué tipologías de envases o soluciones de diseño cree que hoy tienen más dificultades para cumplir con los requisitos que plantea el PPWR?
Las mayores dificultades suelen concentrarse en envases con estructuras complejas. Especialmente en aquellos que combinan distintos materiales difíciles de separar, incorporan barreras funcionales o dependen de elementos adicionales que afectan a la clasificación, como determinados sleeves o componentes. En estos casos, el reto no suele resolverse con un ajuste puntual, sino que requiere un replanteamiento más profundo del diseño del envase.
Cuando una empresa intenta analizar la reciclabilidad de sus envases, ¿dónde suelen estar hoy las principales dificultades: ¿en el detalle de los datos, en la metodología o en el propio diseño?
Lo que hemos observado es que es una mezcla de todo. No es fácil obtener el nivel de detalle de datos que permita realizar un análisis exhaustivo, por lo que a veces se realizan análisis con información menos detallada lo que limita la precisión del análisis. Sin esa base, es difícil tomar decisiones con seguridad. A esto se suma la complejidad metodológica, por supuesto, porque el marco europeo aún se está terminando de concretar y cuando hablamos de reciclabilidad todavía no está claro a qué nos referimos y dónde estará el límite. Finalmente, el propio diseño, ya que en algunos casos no es posible mejorar el envase sin replantearlo.
En este contexto, Ecoembes ha desarrollado CircularCheck para ayudar a las empresas a analizar la reciclabilidad de sus envases. ¿Cómo encaja esta herramienta dentro del proceso de revisión y toma de decisiones que deben abordar las compañías?
CircularCheck es la herramienta que les dice si sus envases son 70% reciclables. La diseñamos para facilitar este proceso a nuestros clientes, porque entendemos que en muchos casos es complejo saber por dónde empezar o qué impacto tiene cada decisión de diseño. Lo que aporta esta herramienta es metodología en esa fase de diagnóstico. Permite analizar todas las referencias con una misma lógica técnica, compararlas entre sí y, sobre todo, identificar dónde está el riesgo real de no cumplir con los requisitos de 2030.
La herramienta utiliza datos verificados que permite evaluar la reciclabilidad real del envase según el sistema de reciclaje español de recogida, selección y reciclado, analizar y diagnosticar todo el portfolio de envases de los clientes, simular mejoras en su diseño antes de realizar cambios, optimizar costes en I+D+I y tomar decisiones basadas en datos. Pero algo muy relevante es que lo construye sobre datos reales de cómo es el sistema español de reciclaje que Ecoembes ha acumulado durante casi tres décadas. Esto permite aproximar con bastante precisión cómo se comportará un envase en condiciones reales. Además, CircularCheck es la única metodología validada en España por KIWA e IVAC Instituto de certificación conforme a la norma UNE-EN 13430:2005.
Más que una herramienta, CircularCheck es la tranquilidad de que los envases sean 70% reciclables. Es el primer paso para construir un plan de transición del portfolio que permita anticipar los requisitos regulatorios, facilitar el cumplimiento normativo y seguir siendo competitivos.

Y una vez realizado ese análisis, ¿cómo se traduce en decisiones concretas dentro de la empresa: rediseño, cambio de materiales…?
En muchos casos, el resultado permite actuar de forma muy dirigida sobre elementos concretos que están penalizando la reciclabilidad y que no siempre son los más evidentes dentro del proceso de diseño. Esto permite mejorar el desempeño del envase sin necesidad de alterar su funcionalidad ni su posicionamiento.
En otros casos, sí se identifica la necesidad de abordar cambios más estructurales, pero con una diferencia importante: la decisión ya no se toma en abstracto, sino con información sobre qué impacto tendrá ese rediseño en términos de cumplimiento, comportamiento en el sistema de reciclaje y evolución futura del marco regulatorio.
Por último, mirando hacia 2030, ¿qué cambios estructurales crees que veremos en el diseño de envases como consecuencia de este nuevo marco europeo?
Vamos a ver una simplificación progresiva de los envases y una mayor alineación con los sistemas de reciclaje. Pero, sobre todo, vamos a ver un cambio en la forma de diseñar. La reciclabilidad dejará de ser una revisión final y pasará a ser un criterio integrado desde el inicio, apoyado en datos y herramientas de análisis. Ese cambio es probablemente el más relevante, porque transforma no solo el envase, sino la forma en la que las empresas toman decisiones sobre él.
